Qué son éstas sombras penumbrosas
que yo misma traje con mi morboso acto.
La esencia de la culpa que trato de aplacar.
Los recuerdos de mi desnuda insensatez.
La noche se oscurecía en su amargo rostro,
tan amargo como mi mente oscura.
Y yo no frené el deseo.
Me veo a mí como la máquina más cruel
que puede existir en un mundo hostil.
Pasando por todo lo que está a mis pies,
pasando sobre mi propio principio, llegando a
la aceptación avergonzada del engaño puro.
De mi engaño, de mi propia sangre sucia
se pinta la ventana de la realidad.
De mi propia sangre desleal se pinta el acto de verdad.
Lo cuento, lo grito a todos los que quieran
escuchar el canto a su propia naturaleza
de un caballero de la noche.